Aquel día Kouji
despertó antes que nadie, decidió salir a explorar, un extraño presentimiento
llego a su cabeza al ver aquel sol tan brillante sobre glacernon. La zona donde
pasarón la noche es la zona más nevada al norte de la isla, alejada de sus
enemigos. Kouji volvió a Gelilandia para observar que hacían los pingüinos pirata.
Cuando llegó, se encontró con un escuadron de pingüinos que llevaban a una
docena de magos hacía un lugar lejano, más allá de Gelilandia, Miktros les había
contado que ese lugar era muy peligroso, denominado Bitoren Tundra, de todas formas la
visita a este sitio era inevitable ya que la flor que necesitan se encuentra
allí. Bitoren Tundra es el lugar de colisión entre demonios y angeles, el punto
medio entre las dos bases, el lugar de batalla más sanguinario jamás conocido. Kouji
por desición propia, tan osado como siempre, decidió ir allí siguiendo a los
magos rehenes y sus opresores.
Según avanzaba Kouji sentía como el aire se humedecia, era
más denso, había una extraña fuerza en ese aire que le removia el estomago, se sorprendió al ver el suelo congelado, grandes esculturas de hielo improvisadas
hechas por nadie, era hermoso y a la vez terrofico, de vez en cuando podía divisar
alguna batalla entre demonios y angeles y oir los gritos de dolor…
"¿Por qué tenian que luchar eternamente?
¿Qué pretenden hacer
con los magos rehenes?
¿Por qué tenia que existir un lugar así?
¿Por qué Shelke ya no está conmigo?"
Kouji empezaba a ser victima de las cirscunstancias, el
estaba acostumbrado a enfrentarse a algún enemigo de su mismo nivel, pero nunca
había luchado contra si mismo, contra su cabeza, sus sentimientos y mucho menos
con contra algo tan injusto como lo que estaba viviendo.
Kouji: ¡AAAAAAAH! ¿Qué… qué es eso?
Los pingüinos habían llegado a su destino, en medio de Bitoren
Tundra y todo Glacernon una torre dorada y purpura con una joya enorme azul engarzada
en la parte más alta se alzaba sobre sus cabezas. La energía que poseía esa torre era enorme, todo Tundra estaba infectado de esta extraña fuerza.
De repente los magos presos del pánico comenzaron a llorar y
a gritar, no querían estar cerca de esa arquitectura, Kouji no pudo soportar
esa escena, agarró fuerte su arco y salió disparado atacando desde lo lejos a
los pingüinos.
Kouji: ¡Dejadles en PAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAZ!
Esa tropa de pingüinos no pudo enfrentarse a la ira y velocidad que Kouji poseía en ese momento. Ellos atacaban cuerpo a cuerpo y no
llegaron a tocar un solo pelo a nuestro inexperto arquero. Los magos cuando
pudieron comenzaron a realizar hechizos mágicos para ayudar. Los pingüinos casi
derrotados hicieron un extraño alarido,
Kouji supuso que llamaban refuerzos.
Kouji: Huir, huir a la nieve, al norte de glacernon, buscar
al pollo con plumas de color del arcoíris, él os salvará.
Los magos comenzaron a moverse, unos corrian, otros se
teletrasnportaban a distancias cortas, y otros se iban levitando. Kouji debía encargarse
de los pingüinos que quedaban, en ese momento, una luz cegadora proveniente de
la torre cayó sobre Kouji.
Kouji: AAAGGGG…
No podía ver nada… todo estaba blanco, y de repente una
oscuridad absoluta le rodeó. No había nada más que oscuridad
¿¿¿???: No tengas miedo, estoy aquí…
Kouji: ¡¿SHELKE?! ¿Dónde estás? … dejame verte…
En el próximo buscando a Shelke… La prisión de hielo (tercera y última parte)
¡Que
ganas de hacerla ya! ^^ [a Mimi Mentor le gusta esto]